martes, 6 de febrero de 2007

Llegando para volver a salir




Es una ida y vueltas. Salgo, entro y vuelvo a salir. Sin paz y en paz. En fin, estoy buscando por los rincones aquellos pedazos que perdí por egoísta. Me estoy encontrando con gente, me pongo en contacto y vuelvo a los lugares que nunca llegué. Así, dejé Córdoba capital. Un lugar que nunca fui y que hoy solo son recuerdos lejanos de amigos pasajeros y amigos de antaño que no veía.
Un contacto, teléfono en mano y llegar a buscar un refugio cerca o lejos de mi natal ciudad. _¿Por trabajo?- Comentó- pero no. Acá estamos bastante mal, es más, no sabemos que puede pasar con todo esto.- Bien, agregué el comentario en mi libreta de poesías y me fui a disfrutar el día en la ciudad capital.
250 Iglesias. Avenidas muy parecidas a Capital Federal, pero con una mejor tranquilidad. Mujeres, todas, muy lindas. Insoportable calor, pero reconfortable lluvia de verano. Muy interesante noche, mucha cultura y gran cantidad de bares que forman un interesante circuito. El alcohol estuvo presente, en forma de cerveza, pero más estuvo presente el no dormir para recorrer. Con más de 30 horas despierto, buscamos caminar unos 2 km para llegar a un lugar bárbaro. Si bien mi contestación final al lugar fue… una gran puteada, por la falta de aire en mis pulmones que se sentían agotados del cigarrillo, no me arrepiento. Cuesta Blanca, cerca de Carlos Paz. Interesante paraje solitario. Digamos que había gente, pero no molestaban para nada y, en un momento, casi ni se sabía si estaban realmente. En definitiva, la salida y llegada costó mucho. No quería dejar la provincia mediterránea. Me trataron muy bien. Agradezco a todos, por no poner algún nombre en especial porque sería quitarlo del marco. Las noches, agradecida, mis días, también.


Ahora emprendo mi cruzada por el Río de la Plata, de divide lo que nunca tuvo que separar, Montevideo, Uruguay. Visita de amigo a mis amigos. Visita de colega a mis colegas. En fin, estos 3 días dirán cuales serán mis horas, mis tiempos en general y por donde terminaré. Así, uno emprende día a día las llegadas y las salidas de realidades totalmente diferentes para uno, que se encuentra enfrascado en una eterna oscuridad y que ve la luz al final del pasillo. Un corredor largo, interminable por el momento, pero que tiene un hendija que filtra un poco de claridad, para poder conocer mis dedos, mis manos y mi ser.
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