miércoles, 31 de enero de 2007

Atemporal en mis días





Por un lado, el reloj marca un tiempo determinado por una organización mundial... por el otro, mis tiempos no son los mismos que las necesidades de las empresas. Al final ¿Qué tiempo es el correcto para hacer uno lo correcto? ¿Cuánto tiempo puede pasar, si esperamos tener la certeza de las cosa, para poder actuar en consecuencia?
Hoy, día viernes 31 del primer mes de 2007 o de 1428 (año musulmán) o, porqué no 5767 años del calendario judío. Bien, es hoy... presente. Sin más minutos, sin menos segundos... Siento una ambivalencia de sentimientos encontrados o perdidos, pero sentidos, sobre mi vida. Una encrucijada atemporal. Como aquellas que solo se ven en películas de ciencia ficción, pero esta vez, sin posibilidad de usar el bendito control remoto para poder cambiar, bajar o subir el volumen, dar o quitar brillo, modificar o no la hora o simplemente apagar lo que estoy viendo. Es así, cruel, la misma verdad y la realidad.
Pero el tema es cronológico. Es el cuento del tiempo y nuestros tiempos. Es cuando o donde, en que momento y lugar uno puede ser víctima del certero depredador de la humanidad, el mismísimo tiempo. Sin espacio. Sin gravedad, solo la del momento en que nos toca filosofar pero en otro sentido al de la física. Ni cuántico, no por contar el tiempo. Esto último no, porque más contamos el tiempo, más tiempo pasa y por consecuencia es, en pocas palabras, una verdadera pérdida de tiempo. Nada de lo anterior, ni de lo que vendrá, podrá equipararse a este sentimiento. A este dilema que me enfrenta el universo que me rodea. Ojo, el universo vasto, en donde ocupa espacio nuestra existencia planetaria o galáctica no. Este micro recorte de mi existencia en mi localidad, sector amplio de mis conocimientos y mis momentos de ignorancia indefinida, al norte de la capital de la Argentina, rodeada de ríos, rutas y vecinos. Pero, si lo vemos en lo más amplio, en mi mundo. Salir de él es una pesadilla que se soluciona con dinero. El cual se acota de acuerdo a los momentos históricos de mi país. Otra vez, el tiempo en mi país, en mi localidad, en mi mundo micro. Ese incesante “tic, tac” antiguo... Muchas veces insoportable por el aburrimiento y escuchar hasta el movimiento de cada pieza que componen los relojes. Otras tantas, inquietante por la espera del momento justo; Y, nuevamente el saber cual es el “momento justo”.
Por lo visto, nuestros recuerdos, son cajas pequeñas que contienen tiempos pasados y los trae a pedido. Salvo claro que el portafolio de cajitas temporales haya sufrido la pérdida por laceraciones contundentes y nos juegue una mala pasada. Pero en definitiva nos trae aquellos momentos que fueron “momentos justos” de nuestras vidas. Tendré que aprovechar cada imagen, sonido y olor para saber si es o no el tiempo determinado para poder hacer esto o lo otro. Pero, creo que a pesar de estar seguro, pensado y consensuado por todas las voces pasadas, uno debe tener siempre la certeza que el miligramo de duda exige muchas veces sangre a derramar.
Mientras tanto, estoy viendo pasar minutos, segundos y horas crueles sobre mi cadáver que se pudre con el clima cálido de verano. Demasiado cálido, según los científicos que intentan saber siempre más que los otros. Pero claro, en mi seguridad está el tiempo justo. Sé que es inevitable, aunque estemos en invierno, que mi cadáver seguirá putrefacto hasta extinguir materia orgánica alguna sobre mis restos óseos. Todo es cuestión de tiempo. A propósito, me levanté con ánimo de seguir viviendo, creo que es parte de uno, morir de noche, nacer de día o verse renacer, cuando el tiempo lo diga. Hasta Albert Einstein coincidía que el tiempo no tiene forma de volver hacia atrás. En realidad contestaba la vieja paradoja temporal del cambio del tiempo por haber viajado hacia el pasado. Algo que, hasta ahora, no lo hemos hecho (Tengamos también en cuenta que es relativo, pues si lo hubiésemos hecho tampoco nos daríamos cuenta. Porque nunca hubiese pasado. Complicado, ¿No?) Pero estos recursos no servirían de nada, viajar y modificar mi destino futuro, para luego no sufrir en el presente... porque en definitiva, sería yo el que modificaba algo que me había pasado y, claro está que al llegar y modificar esa escena, no tendría la menor idea de para qué llegué tan lejos y volvería a cometer los errores una y otras vez, cuantas veces viaje al pasado. Vaya paradoja.
El tiempo dirá cuan equivocado estoy hoy... estaré mañana y estuve ayer. Hoy solo sé que un día más pasó por la ventana y me sonrió. Con sol. Con nubes y con un cometa que tarda años en pasar por nuestro planeta y que en esta semana se detuvo a ver la vida en aquel tercer sector del orden hacia fuera del sol... El tendrá la duda existencial que sufrió el Principito… no lo creo, solo va y viene, regido por el astro de mayor peso y volumen en el sistema. En definitiva, el tiempo, no es más que arena en un embudo de vidrio que de a poco cae para luego volver a caer.
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